DE CONOCER LA SANA DOCTRINA A CONOCER AL SEÑOR DE LA SANA DOCTRINA
- Iglesia Bíblica de la Gracia
- Sep 12, 2025
- 4 min read
En muchos casos, el conocimiento teológico puede ser un punto de partida para acercarse a Dios, pero también puede convertirse en una barrera si no lleva a una relación viva con Cristo.
No son pocos los que “conocen la verdad” sin haber conocido al Dios de la verdad. Este es el testimonio de un creyente que pasó de tener una fe intelectual y doctrinal, a experimentar la verdadera conversión que transforma el corazón: el paso de conocer la sana doctrina, a conocer al Señor de la sana doctrina.
“Ingresé al cristianismo online” hace unos diez años. Mi madre es cristiana desde hace más de veinticinco años, y desde siempre quiso darme a conocer el evangelio. Pero ya saben cómo se es cuando uno está allá afuera, en el mundo: sabio en su propia opinión, autosuficiente, seguro de su propio camino y rindiendo culto a su personalidad.

Mi testimonio es familiar. En ocasiones, cuando el Señor nos llama, somos tan necios para oír su voz que hay que atravesar dificultad; cuando todos nuestros recursos fallan, entonces sí miramos hacia arriba y decimos: “Ayúdame”. Si hubiera comenzado por ahí, tal vez no habría tenido que vivir tantas cosas.
Me interesé por el Señor, según yo, para cambiar mi vida, siguiendo el consejo de mi madre y mis hermanas. Comencé a consumir prédicas por internet, de los pastores de sana doctrina que todos conocemos, y me gustó. Encontré sabiduría en todo lo que oía y trataba de aplicar lo aprendido a mi vida.

No tuve la desgracia de ser influenciado por sectas o falsas doctrinas, y me sentía seguro al conocer la Palabra de Dios de la manera correcta. Pero… aún no conocía al Señor. Me vi envuelto en activismo y religiosidad.
Han pasado siete años desde mi encuentro con el Señor. Durante mucho tiempo tuve acceso a la verdad, pero mi estado no era de conversión.
Dios era, para mí, más un concepto: algo importante en mi vida, pero no mi vida entera.
Se trataba de educación, conocimiento y moralidad. Me parecía “inteligente” creer en Dios, porque su creación da testimonio de su existencia. Sin embargo, mi fe era más una fuente de sabiduría humana que una relación genuina con Él.
“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.”— Mateo 15:8
Era, en verdad, un cristiano con un pie en el mundo y otro en mis creencias… o sea, con ambos pies en el infierno. Con el tiempo, mi tibieza y desobediencia trajeron sus consecuencias.
Fue entonces cuando las prédicas que escuchaba me confrontaron con un llamado claro:
Al hacerlo, entendí con dolor que no pasaba la prueba, pero también comprendí que no era tarde. Había dejado de hacer muchas cosas del mundo; no las extrañaba y me sentía diferente. Pero no lograba obedecer completamente. Pensaba que algunos mandatos, comparados con los pecados de mi vida anterior, no eran tan graves. Así que me permitía y justificaba ciertas acciones que creía pequeñas delante de Dios… y entonces Dios trató conmigo.
Ahí comenzó una lucha interna entre creer que era cristiano y serlo de verdad. Pero Dios, en su infinita misericordia, no me dejó allí.
Poco a poco comencé a percibir que conocer más de Él y de su gloria me invitaba a conocerlo más profundamente. Entendí mi verdadera condición como ser humano, y ya no solo quería saber de Él y de su existencia, sino deleitarme en su presencia.
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.”— 2 Corintios 13:5
Fue entonces cuando nació en mí una necesidad profunda: conocerlo más, aprender de su Palabra y compartir con otros la grandeza de nuestro Dios soberano. Sin embargo, todavía no me congregaba. Continuaba recibiendo Palabra a través de internet e intentaba involucrar a mi familia.
Tres años atrás, el Señor nos trajo a la Iglesia Bíblica de la Gracia (IBG), donde congregarme me ha permitido crecer, madurar espiritualmente, conocer más del Señor y servirle con alegría. Cada día lucho menos y obedezco con mayor facilidad. Una estrecha relación y sumisión total a su voluntad me ayudan a crecer día a día.
“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.”— Hebreos 12:6
Hoy puedo decir con certeza que no hay conocimiento más alto ni gozo más verdadero que el de conocer al Señor Jesucristo —no solo en doctrina, sino en una relación viva y transformadora.
La sana doctrina es esencial, pero no suficiente si no nos lleva al Dios que la inspiró.

Muchos se han quedado en el conocimiento, pero el verdadero evangelio transforma el corazón, no solo la mente.
Saber de Cristo no es lo mismo que conocer a Cristo. El primero llena la cabeza, el segundo cambia la vida.
Este testimonio nos recuerda que la fe genuina no consiste en acumular verdades bíblicas, sino en vivir rendidos ante Aquel que es la Verdad. Cuando Cristo deja de ser una idea y se convierte en nuestro Señor, la doctrina deja de ser fría teoría y se transforma en adoración.
Entonces, ya no se trata solo de conocer la sana doctrina… sino de conocer al Señor de la sana doctrina.








Comments