DEL DOLOR AL CONSUELO: EL AMOR DE DIOS EN MEDIO DEL RECHAZO ECLESIAL
- Iglesia Bíblica de la Gracia
- Jun 20, 2025
- 4 min read
El caminar cristiano no está exento de pruebas, luchas ni quebranto. Sin embargo, es también un camino lleno de consuelo, restauración y esperanza. Como iglesia, creemos firmemente que al compartir lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, podemos animarnos unos a otros, fortalecer nuestra fe y recordar que no estamos solos en este peregrinaje.
Cada testimonio es único, pero todos tienen un mismo hilo conductor: la gracia de Dios manifestándose en medio del dolor, la confusión o la alegría. Nuestro anhelo es que, al leer estos relatos, el pueblo de Dios sea edificado, consolado y recordado de que Cristo sigue edificando Su iglesia.
Una hermana de nuestra congregación compartió su historia, marcada por el dolor del rechazo injusto, pero también por la restauración que sólo el evangelio puede producir:
“Durante mucho tiempo formé parte de una iglesia donde, con el tiempo, entendí que la enseñanza no era bíblica.
Todo parecía estar en orden hasta que atravesé una situación difícil: se levantaron falsos testimonios en mi contra y se me acusó de algo que no había hecho.
Traté de acercarme con humildad al pastor y a los hermanos para aclarar la situación, pero en lugar de recibir comprensión, fui rechazada progresivamente… hasta que finalmente fui expulsada de la congregación"
“Me encontré cuestionando todo, incluso mi identidad como creyente.”
No fue una decisión que tomé yo, ni algo que busqué; simplemente un día me dijeron que ya no podía seguir asistiendo. Esto fue profundamente doloroso. Me encontré cuestionando todo, incluso mi identidad como creyente. Me preguntaba si realmente había fallado, si había causado división, si yo era la problemática. Pero por dentro sabía que no era así.
En ese momento, no conocía los principios bíblicos del proceso de exhortación que Jesús establece en Mateo 18:15-17, donde se nos llama a corregir en amor, buscando siempre la restauración antes que la separación. Hoy entiendo que una iglesia debe ejercer la disciplina de manera amorosa, justa y bíblica, y no como un mecanismo de exclusión arbitraria.
Estuve un tiempo sin congregarme. Me sentía herida, sola, sin rumbo. Incluso llegué a pensar que tal vez yo era una mala persona, que era mejor alejarme para no causar más “problemas”. Ya no quería acercarme a ninguna iglesia. Me dolía todo lo relacionado con la comunidad cristiana.
He vuelto a experimentar el gozo del evangelio y el amor fraternal que tanto anhelaba.
Sé que no soy la única. Muchas personas han sido lastimadas por iglesias donde no se vive ni se aplica el evangelio. Algunas nunca regresan. Otras lo hacen, pero lo hacen temerosas, “marcadas”, cerradas a la comunión. Ya no confían, no quieren tener amistades, y se aíslan en medio del pueblo de Dios.

Pero en medio de mi confusión, el Señor no me soltó. Usó a mi ahora esposo para ayudarme a encontrar una iglesia con sana doctrina, la Iglesia Bíblica de la Gracia.
Llegué con temor, sintiéndome culpable, sucia, como si hubiese cometido algo grave. Dudaba de mí misma, de mi valor y sobre todo del amor de los creyentes.
Sin embargo, el Señor me sorprendió. Desde el primer momento, algunos hermanos se acercaron a mí con paciencia, con amor y sin prejuicios. Poco a poco fui forjando amistades sinceras. Me sentí escuchada, acompañada y restaurada.
“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu."
– Salmo 34:18
Había nacido de nuevo antes de todo este doloroso proceso. Por eso, aunque la experiencia me llenó de preguntas y sufrimiento, puedo ver cómo Dios, en su soberanía, me libró de una iglesia legalista y me guió a un lugar donde su Palabra es predicada con fidelidad y donde la comunión se basa en el evangelio de la gracia.
“La enseñanza fiel ha transformado mi vida y mi corazón. He vuelto a experimentar el gozo del evangelio y el amor fraternal que tanto anhelaba.”
Hoy doy gracias a Dios por la bendición de estar en una iglesia bíblica. Porque no se trata solo de asistir, sino de crecer, ser exhortada, ser animada, ser parte de un cuerpo donde Cristo es el centro. La enseñanza fiel ha transformado mi vida y mi corazón.
“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
– Efesios 4:2-3
“Estamos llamados a algo más alto: a cuidar a nuestros hermanos, a hablar con verdad, a preservar la unidad y a proteger el corazón del débil.”
Por eso, como iglesia, como miembros del cuerpo de Cristo, estamos llamados a algo más alto: a cuidar a nuestros hermanos, a hablar con verdad, a preservar la unidad y a proteger el corazón del débil. Nuestra comunión no se basa en afinidades personales ni en juicios humanos, sino en Cristo y su obra redentora.
Mi oración es que la iglesia siga siendo un lugar de refugio para el cansado, un lugar donde el evangelio se viva y no solo se predique. Que cada uno de nosotros refleje la gracia que ha recibido, y que, con amor y verdad, recibamos a los que vienen heridos… como yo lo estuve alguna vez.
El testimonio que hemos leído nos recuerda una verdad fundamental: todos somos pecadores en proceso de santificación. Podemos fallar, herir o ser heridos, pero en Cristo hemos sido llamados a algo más alto: a vivir en unidad, en verdad y en amor.
“Sobre todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”
– 1 Pedro 4:8


Comments